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Uso de la gorra en golf: Historia y origen

El uso de la gorra para jugar a golf está tan extendido que, hoy en día, cuesta encontrar golfistas que no lleven nada para proteger su cabeza durante una vuelta de golf.

Especialmente en los tours o torneos profesionales, donde las gorras, además de ser algo útil para protegerse de las inclemencias climatológicas, se constituye como una muy buena herramienta de promoción. De hecho, es uno de los patrocinios (el de gorra) más cotizados en el mundo del golf, claro está que también es uno de los más vistosos.

 

Esto no siempre fue así. El golf es uno de los deportes donde más te expones al sol o a la climatología, pero, fue uno de los últimos deportes en introducir el uso de la gorra.

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¿Cuándo empezaron a usar gorra los golfistas? Y sobretodo ¿Por qué?

Es lo que voy a contarte en el artículo de hoy.

 

Cuando te preguntas por el uso de la gorra en el campo de golf, las primeras respuestas son evidentes e innegables a partes iguales. Supongo que todos habéis dado la misma respuesta.

 

Para protegerse del sol y ver la bola (y su vuelo) correctamente.

 

Claro está. El principal uso de la gorra en el campo de golf es proteger la cabeza de golfistas de largas exposiciones a la luz solar, por otro lado, la visera de la gorra también ayuda a mejorar la visión de los golfistas. Un deporte donde la precisión es vital requiere que el golfista tenga buena visión tanto de su objetivo como de la bola.

 

 

Vale.

A esta conclusión puede llegar cualquier persona con un mínimo de sentido común.

 

Aquí es donde debo empezar a especificar ya que existen muchos otros utensilios que aportan al golfista las mismas prestaciones que una gorra. Un sombrero o boina han sido usados por golfistas desde tiempos inmemoriales. Precisamente para proteger al golfista y su visión durante un partido.

 

 

­Las primeras gorras de golf aparecieron en la década de los 50 y los primeros en usarlas fueron los golfistas profesionales. Por un simple motivo, les pagaban para hacerlo.

 

Amana fue la primera marca -no de golf- que patrocinaba a golfistas por llevar sus gorras. Les pagaba 50 dólares por vuelta.

 

Antes de la aparición de Amana, varios golfistas ya cubrían sus cabezas, Ben Hogan o Sam Snead eran reconocidos por sus sombreros. No usaban gorras, usaban sombreros sin ninguna marca o logo visible.

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Amana, una cadena de tiendas de electrodomésticos, irrumpió en el mercado de las gorras de golf con un producto simple, una gorra grande, con su logo en la parte frontal y una extensa visera plana.

 

A partir de entonces se abrió una nueva puerta en el mundo del golf. La de los patrocinios en la ropa de marcas que no son de golf, algo a lo que ya estamos más que acostumbrados.

 

KPMG, Mercedes, Netjets, Audemars Piguet (por nombrar algunas) son las primeras marcas -no de golf- que me vienen a la cabeza cuando pienso en patrocinios, seguramente porque son las más extendidas en el PGA Tour y podemos encontrar a muchos golfistas luciendo estos logos en sus gorras, polos o bolsas.

 

En definitiva, cualquier golfista que obtenga dinero a cambio de lucir logos en sus ropas, le debe infinita gratitud a Lou King, impulsor de la compañía y creador de los patrocinios de gorra en el mundo del golf.

 

Como el propio King afirmaba, era publicidad bien dirigida, dirigida a personas adineradas que juegan golf. “Esas son las personas que compran electrodomésticos grandes”.

 

Y este, amigos golfistas, es el verdadero origen de las gorras de golf. Un instrumento de promoción comercial que, además, protege a los golfistas del sol y las inclemencias.

 

 

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