¿Tú, contra quién juegas? El juego mental, tu verdadero rival en el golf

Porque tu juego mental será determinante para tener un resultado maravilloso o desastroso, siempre.


Este artículo ha sido redactado íntegramente por Fernando Ortega como autor invitado en SotaPar.com [https:// SotaPar .com/] Si vas a usar una parte o el artículo completo, menciona al autor e incluye la URL de este artículo. Gracias.

Este artículo ha sido escrito por Fernando Ortega del blog Golfista Curioso [https://GolfistaCurioso.es/].

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Hace algún tiempo, mientras caminaba durante una ronda por el campo, me sorprendí haciéndome una de esas preguntas aparentemente obvias, de esas que tienen más de juego mental que de golf.

¿Contra quién juego realmente?

La respuesta parecía inmediata. «Pues depende», pensé.

-> En un match play juego contra mi adversario.
-> En un torneo, contra el resto de participantes.
-> O quizá contra el campo.
-> O contra el viento.
-> O contra la lluvia.
-> O contra ese calor insoportable que convierte los últimos hoyos de julio en una auténtica prueba de supervivencia.

Sin embargo, cuanto más vueltas le daba, más me daba cuenta de que ninguna de esas respuestas terminaba de convencerme.

Y quizá porque llevo ya bastantes años jugando al golf, cada vez tengo más claro que, aunque todos esos factores influyen, ninguno de ellos constituye nuestro verdadero rival. Al menos no el más importante.

Esta reflexión nace simplemente de mi experiencia personal.

No pretende ser una verdad ni una lección de psicología deportiva (Dios me libre). Es únicamente una de esas divagaciones que me gusta compartir de vez en cuando, porque sospecho que otros aficionados habrán sentido alguna vez algo parecido.

Vale, vamos con ello, mis rivales. Pueden ser varios…


 

Los rivales de siempre juegan menos de lo que crees.

¿Juegas contra tu adversario de match play?

Sí, éste es evidente: tu adversario del match play.

Ahí sí que hay un enfrentamiento con nombre y apellidos. Un hoyo tú, un hoyo yo, y a ver quién aguanta más.

Los que respondan esto tendrán razón. Es más, el match play es probablemente la única modalidad en la que puedes hacer algo directo contra tu rival: intimidarle.

Ya sabes, la guerra psicológica de toda la vida. Ese putt de metro y medio que no le das y le obligas a meterlo con todo el peso del hoyo encima. Pura psicología aplicada al golf.

 

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¿Juegas contra el resto de jugadores?

Bueno, sí… obvio, dirán otros.

Al final compites por lograr el mejor resultado, y el mejor resultado se mide contra las tarjetas de los demás. Cierto.

Pero aquí viene la segunda pregunta incómoda: ¿puedes hacer algo por cambiar lo que hacen los demás?

Nada de nada.

Ellos jugarán lo que jueguen, y tú no tienes ni voz ni voto en sus tarjetas.

¿Puedes hacer tú algo contra ellos?

Pues tampoco. Apenas tienes a la vista a dos o tres de ellos…

Así que ni ellos te afectan a ti ni tú les afectas a ellos.

 

¿Juegas contra el campo?

Tercer potencial rival: el campo y su diseño.

Ese dogleg que te obliga a decidir, ese búnker colocado con toda la mala intención justo donde caería tu mejor drive, ese green en pendiente que parece diseñado por alguien que te tiene manía personal.

Y ojo, que algo de eso hay: los diseñadores plantean cada hoyo como un reto que te invita a pensar — si te interesa cómo lo hacen, te lo apunté en mi reseña de Golf by Design, el libro de Robert Trent Jones Jr. sobre diseño de campos.

Así que hay quien dice que juegas contra el campo…

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Pues mira, aquí voy a mojarme: a mí no me gusta pensar que juego contra el campo. Y os cuento por qué.


 

El campo no es tu enemigo (aunque a veces lo parezca).

El campo está ahí esperándote. Y acompañándote. Está ahí para permitirte dar golpes espectaculares, para hacerte pensar, para plantearte retos.

Y un detalle importante: está ahí para todos por igual.

El hoyo 7 no se hace más largo cuando llegas tú ni esconde el búnker cuando pasa el jugador de hándicap bajo, ni se mueve el hoyo cuando tú putteas aunque algunos así lo aseguren… (Si el hoyo se te mueve, ya te digo…el problema no está en el green, sino un poco más arriba, en tu cabeza).

Dicen a veces que «el campo te ha podido» o que «hoy le has ganado al campo».

Suena épico, lo reconozco. Pero, ¿sabes qué? Sospecho que en realidad, al campo le da exactamente igual.

No celebra tus dobles bogeys ni sufre con tus birdies. Mañana estará ahí, impasible, esperando al siguiente.

Personificar al campo como tu contrincante es una licencia poética muy resultona, pero como estrategia mental me parece un error: te pone en modo confrontación contra algo que ni te ve ni te oye.

¿Juegas contra el viento o la lluvia? ¿Y el calor de julio que derrite hasta los grips?

Pues más de lo mismo. Ni lo intentes. No te opongas. No tienes ninguna opción.

Nos debemos limitar a aprender cómo acomodar nuestro juego, nuestro comportamiento y nuestra estrategia bajo esas condiciones.

Y de nuevo: el viento sopla para todos. La lluvia moja a todo el partido por igual. Inútil jugar contra el viento o la lluvia.

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Así que recapitulemos.

Contra el rival del match play, poco más que la guerra psicológica.

Contra el resto de jugadores, nada, no puedes hacer nada para afectar a su resultado.

Contra el campo, inútil. Contra el viento y la lluvia, imposible.

¿Entonces? ¿Nos quedamos sin adversario?

No tan rápido. Porque falta uno.

Y yo añado que en ocasiones es el rival más potente, el más peligroso y, muchas veces, el más descontrolado de todos: Tú. Tu cabeza.


 

Tu adversario más temible viaja contigo de hoyo en hoyo.

Sí, has leído bien. Puede que tu adversario más temible lo lleves sobre los hombros.

¿Pero eso es posible? ¿Cómo va a jugar tu cabeza contra ti?

Pues en mi experiencia, sí, es posible. Y tanto que lo es.

Hay días en que tu mente, sencillamente, no te deja jugar como tú sabes. No te deja sacar lo mejor de ti.

La presión te puede, o el desánimo se instala después de dos hoyos malos, o te incomodas con los compañeros de partido, o no ves el golpe, o no te lo crees, o no sientes en tu cabeza el swing antes de ejecutarlo, no ves por donde subir el palo… y creo que algunos de los que jugáis seguramente sabéis exactamente a qué me refiero: esa sensación de ponerte en el tee sin ver y creerte lo que hará la bola. Mala señal.

Sobre ese extraño territorio entre creer y saber ya divagué largo y tendido en mi artículo sobre la confianza y la certeza en el putt: cuando la mente acompaña, el golpe deja de ser una posibilidad y se convierte en una consecuencia.

El problema es cuando ocurre justo lo contrario.

¿Por qué digo que puede ser tu peor adversario?

Yo lo he experimentado, puede ser un lastre que no te deja ver con claridad, ni tener la actitud correcta, ni adoptar el compromiso adecuado, y en realidad te está frenando para que tus mejores capacidades de golf no aparezcan en el campo.

El campo no te quita tu swing.

El viento no te borra las horas de práctica.

Pero tu propio juego mental, cuando se pone en contra, sí.

El juego mental te hace perder la perspectiva, y te puede meter en un hoyo profundo — y no me refiero a uno con bandera.


 

Tu cabeza no tiene botón de PAUSE: siempre está en PLAY.

Y aquí creo que viene el gran problema del asunto: resulta que la cabeza no tiene botón de PAUSE.

Siempre está en PLAY. Sonando. Todo el rato. Y si lo que suena no te conviene — el «no la mandes al agua como en el hoyo 3», el «como falle este putt me anoto un doble bogey que no voy a poder recuperar» —, entonces tienes un problema serio.

¿Mi consejo de aficionado sin título en psicología deportiva?

Si tienes un mal golpe… salta y cambia a la siguiente canción. Como en la lista de reproducción del coche. Esa canción ya sonó, ya pasó, olvídala. Siguiente. Claro, en Spotify es muy fácil…

Algunos psicólogos deportivos apuntan a que uno de los grandes retos del golf frente a otros deportes, como por ejemplo el tenis, es precisamente el juego mental ya que en este deporte tienes, siempre, mucho tiempo para pensar, demasiado tiempo para muchos golfistas.

En el tenis la bola te viene de vuelta en un segundo y no hay margen para el debate interno.

En el golf, entre golpe y golpe, tienes minutos y minutos. Minutos enteros con tu cabeza en PLAY.

Con lo bueno y, sobre todo, con lo malo que eso implica para tu juego mental, y sobre todo para tu concentración y tu gestión de las emociones de un mal golpe.


 

La pregunta del millón: ¿cómo se gestiona esto?

Pues en realidad, eso es lo que me gustaría saber a mí. Así que no voy a entrar con lo de “consejos doy que para mí no tengo”…

Voy bien con la estrategia, voy mal…

¿Cómo lo gestiono? ¿Cómo hago para mantener la mente en una actitud positiva y estable durante cuatro horas y pico?

No es fácil.

No lo es para nosotros y, ojo, tampoco lo es para los profesionales — ahí están los coaches de juego mental cobrando sus buenas facturas para demostrarlo—.

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Creo que el primer punto importante es ser consciente de ello y no dejarte secuestrar.

Yo no tengo la fórmula. Soy un jugador de a pie que trato de irlo manejando como puedo y comparto mis reflexiones.

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Un par de casos puntuales:

El viento.

El viento me incomoda. Me hace pensar que este par 4 se hace más largo, que deberé forzar para llegar de dos… Y mi mente se empieza a tensionar. Noto cómo el swing se acelera antes incluso de sacar el palo de la bolsa.

Pero, un momento. Pensemos un poco.

¿Por qué tengo que alcanzar el green de dos si las condiciones no son las adecuadas?

¿No les afecta esto a todos los que están hoy en el campo?

¿Por qué lo identifico como una dificultad mía, personal e intransferible?

La pregunta de fondo es de pura psicología golfística: ¿soy capaz de ajustar mis expectativas?

Un par 4 con viento en contra quizás hoy es, para mí, un par 5 encubierto.

Y no pasa absolutamente nada. Bogey aquí puede ser un resultado excelente.

¿Por qué mantengo mis expectativas de hacer 36 puntos cuando en realidad el día está para salir encantado con 30?

Porque en el fondo creo que siempre acabo jugando contra mis expectativas del día.

Esa es mi referencia.  

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Los compañeros de partido.

Juego con un partido de jóvenes avezados que me sacan sistemáticamente 50 metros desde el tee. Bolas que despegan como si llevaran otro combustible.

O, al contrario, juego otro día con una partida donde soy yo quien les saco 30 metros al resto.

Pregunta: ¿qué probabilidad tengo de firmar una tarjeta distinta según con quién juegue?

En mi caso, os lo confieso: muy alta. Y eso, si lo piensas fríamente, es absurdo. 

Mi swing es el mío, mis distancias son las mías y el campo es el mismo. Lo único que ha cambiado es lo que mi cabeza hace con lo que ve a su alrededor.

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Estos son dos ejemplos, dos casos, que apuntan a lo mismo: el problema casi nunca está en el viento ni en los compañeros.

Está en mi juego mental, la conversación que mantengo conmigo mismo a cuenta del viento, del campo o de los compañeros.

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Los malos días son la base del crecimiento. 

Y todo ello me lleva a otra pregunta que me gusta hacerme al acabar: ¿qué has aprendido hoy?

«¿Hoy? Uff… Hoy ha sido un día para olvidar. Mejor no haber salido de casa…»

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¡Error!

¡Justamente!

Las mejores oportunidades de aprender están precisamente en esos días.

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Los malos días son la base del crecimiento de cada golfista.


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Es cierto que no generan confianza — eso no te lo voy a discutir —, pero nos pueden ayudar a entrenar músculos mentales que los días buenos ni siquiera tocan: la resiliencia, la paciencia, el aguante, el control.

Hagamos inventario de un mal día, a ver qué se puede rascar:

¿Te has enfadado?

Ahí tienes un dato: no has sido capaz de gestionar tus reacciones.

Pregunta de seguimiento: ¿cuánto tardaste en reponerte? ¿Un hoyo? ¿Tres? ¿Toda la vuelta?

Ese número dice mucho más de tu juego mental que la tarjeta.

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¿Juego lento por delante?

Entrena tu paciencia. Los profesionales se enfrentan en ocasiones a esperas eternas en momentos críticos de un torneo — con miles de euros y puntos de ranking en juego — y tienen que gestionarlo mentalmente igual que tú y que yo un sábado por la mañana.

Piensa que precisamente el juego mental que tienen los profesionales es determinante para alcanzar sus objetivos en los torneos, y aquellos que no supieron aplicarlo son precisamente los que no supieron sobrellevar los errores o la presión de una partida muy reñida.

Ahora te toca a ti aplicar ese mismo juego mental.

¡Qué buena oportunidad de practicarlo te ha dado hoy el campo!

¿La has aprovechado?

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¿Nada te sale?

Reinicia y olvida. Como el ordenador cuando se cuelga: apagar, encender, y a empezar de cero en el siguiente tee.

Es fácil de decir y para muchos realmente difícil de aplicar, pero los resultados son muy efectivos.

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¿Te han afectado los otros jugadores, su ritmo, sus comentarios, sus drives de 250 metros?

Apunta: aprender a gestionar las circunstancias que te rodean también es parte del juego mental. Quizás una de las partes más difíciles.

Muy fácil de decirlo y de escribirlo.

Un enorme reto en realidad…

Pero ¡qué es el golf sino un reto en sí mismo!

En cambio, cuando todo sale bien… hay poco que aprender, la verdad. Es tiempo de disfrutar.

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¿Hoy has ganado o has aprendido?

«¿Hoy has ganado o has aprendido?» Cuentan que eso era lo que le preguntaba su tío a Rafa Nadal cuando era jovencito, al volver de los torneos.

Fijaos en la trampa maravillosa de la pregunta: no existe el día perdido. O te llevas la victoria, o te llevas la lección. Nunca vuelves de vacío.

Has acabado la vuelta. Fin. Me olvido. Cerveza y a otra cosa.

Bueno si ha ido muy mal, varias cervezas… por lo de olvidar…

No. Espera. Reflexiona un momento.

¿Qué puedes sacar en claro de la ronda de hoy?

Algo habrá — una mala reacción, una decisión equivocada en la estrategia, una falta de perspectiva — que merezca la pena tener en cuenta el próximo día.

Siempre, y digo siempre, hay lecciones para tu cabeza golfística.

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Os cuento una anécdota personal, de esas que se te quedan grabadas.

Siempre recordaré que mi mejor vuelta en el campo norte de la RSHECC [https://rshecc.es/] fue de 76 golpes. Para mí, excelente, de las de enmarcar.

¿Y sabéis cómo empezó? Con un doble bogey en el primer hoyo. Tal cual.

Así que ya sabéis qué es lo último que pienso ahora cuando arranco una vuelta con un doble bogey: hoy
va a ser un desastre. Ni se me ocurre. Lo he aprendido.

.

SotaPar - Diario de golfPor cierto, estaba yo esbozando un borrador de este artículo cuando me llegó uno esplendido de nuestro amigo PabloD, con mensajes muy alineados con todo esto y una idea todavía más potente: El diario de golf, donde recopilar tus experiencias para mejorar tu golf.

Apuntar, negro sobre blanco, lo que te llevas de cada vuelta, tanto los golpes buenos como los malos, y además cómo te has sentido en esos momentos, lo que te servirá mucho en tu juego mental para posteriores rondas de golf.

Si no lo has leído, te lo recomiendo de verdad. Es la herramienta perfecta para convertir la pregunta de «¿qué has aprendido hoy?» en un hábito mental.


 

El partido de verdad se juega sobre los hombros.

Así que la próxima vez que llegues al tee del 1 en modo batalla, párate un segundo y hazte la pregunta del título: ¿tú, contra quién juegas hoy?

Porque el rival del match hará su partido, el campo seguirá impasible y el viento soplará para todos.

Pero hay un adversario que sí depende de ti: tu mente.

Y con ese, más que ganarle, de lo que se trata es de hacerlo jugar en tu equipo.

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El juego mental no aparece en la tarjeta,
pero firma más golpes de los que pensamos.


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SotaPar - Tu, contra quien juegas. El juego mental, tu rival de golf - Golf en la cabeza

Como siempre, mis divagaciones son personales y en esa clave las comparto.

Posiblemente no estén alineadas con parte de los lectores, no pasa nada: mi objetivo en estos artículos de
opinión es justamente ese, compartir mi particular punto de vista.

El resto de la conversación la ponéis vosotros en el hoyo 19.

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SotaPar - Logo de GolfistaCuriosoFernando Ortega
Golfista Curioso
[https://GolfistaCurioso.es/]

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1 comentario en «¿Tú, contra quién juegas? El juego mental, tu verdadero rival en el golf»

  1. Articulo fabuloso comparto al 100% todas esas sensaciones, lo dificil es saber gestionarlas imposible para mi, la cabeza juega malas pasadas. Gacias

    Responder

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