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Lo que el golf te quita.

El golf es uno de los deportes más difíciles del mundo. Una técnica compleja, que involucra todo el cuerpo y con una extensa variedad de golpes. Además del factor psicológico, igual o más importante que el dominio de la técnica para jugar mínimamente a golf.

 

Por si esto no fuera poco, no son los únicos factores que entran en juego a la hora de ejecutar un golpe de golf o completar un recorrido.

 

Los factores externos pueden llegar a ser muy determinantes para el golpe, prácticamente tanto como la ejecución de este; Cualquier persona que haya jugado a golf sabe que el viento, la lluvia, las condiciones de la hierba, etc. son factores que influyen directamente sobre el golpe.

 

 

Pero hoy quiero hablar exclusivamente de uno de estos factores.

Aunque no podemos controlarlo en absoluto, es el que más influye.

 

 

Tiene una gran variedad de nombres, hay quienes lo llaman karma, suerte, estrella… Yo pienso que es una especie de fuerza mágica que envuelve el campo de golf y, realmente, todo aquello que te quita, te lo acaba dando.

 

¿A qué me refiero con esto?

 

Qué, pese a todo, el campo de golf pone a cada uno en su lugar, repartiendo paladas de cal y de arena, a partes iguales para todos los golfistas. Todo el mundo recuerda perfectamente aquellas acciones donde el recorrido no ha sido justo con ellos; Hay muchísimas formas de injusticia, un mal bote, una corbata, desajustes de distancia, un rebote poco afortunado… Cualquier golfista, después de la vuelta, tiene claro donde “le han robado” los golpes.

 

En cambio, son muy pocos, o prácticamente inexistentes los que agradecen aquellas acciones de fortuna que han tenido durante la vuelta. Que también suelen ser muchas, aquella bola que cae en la ultima vuelta, aquel bote que la hace entrar en green o salir de bunker, aquel rebote que la devuelve a calle, etc.

Generalmente, en el campo de golf, pecamos de egocéntricos. De espabilados. Y es que es fácil encontrar excusas para cualquier fallo; me ha botado mal, no ha rodado bien, me ha molestado….

Por el contrario, nunca he oído a ningún golfista achacar a la suerte el resultado de su golpe. Si el golpe es certero, es siempre gracias a la habilidad del golfista.

 

Lo que el campo de golf te quita, el campo de golf te lo da. No creo ninguna vuelta de golf quede descompensada en este aspecto, como decía, solemos fijarnos y quedarnos solo con lo malo, básicamente porque atribuimos todos los aciertos a nuestra habilidad, pero tenemos que ser sinceros con nosotros mismos. La suerte, el karma o el aura también influyen.

 

El fin de semana pasado jugué dos partidos de golf una vuelta el sábado y otra el domingo, en ambas vueltas pasó algo parecido. Tan parecido y real que ha inspirado este post.

 

Durante la vuelta del sábado, mi compañero de partido jugó un hoyo 16 espectacular, un par 5 donde pegó 4 golpes muy bien dados; Drive dibujando la calle, segundo a colocar, tiro a bandera que queda a 3 metros. Putt firme y en línea.  En el último palmo de rodada hacia el hoyo la bola hizo un extraño (bastante extraño, por cierto), acabó tocado el borde del hoyo y realizando una corbata de 180 grados.

 

Todos nos quedamos en silencio, realmente merecía ese birdie.

El siguiente hoyo fue muy diferente para él; gancho de drive al medio del bosque, golpe de recuperación a dejarla cerca de green… Aproach desde 30 metros que acaba dentro del hoyo. Birdie.

 

 

PERO AÚN HAY MÁS.

En la vuelta del domingo pasó algo parecido.

 

Hoyo 10, par 3. Otro compañero de partido da un golpe bastante bueno, quedándole un putt noble para el birdie. La bola rueda directa hacia el centro del hoyo, golpea con el mecanismo (enganchado a la bandera) para sacar la bola del hoyo sin tocarla y rebota tan mal que acaba saliendo del hoyo.

Creo que es el putt mejor tirado y que no ha acabado dentro que he visto en mi vida.

El pobre se llevó un disgusto bastante grande, pues realmente fue un robo descaradísimo.

En el siguiente hoyo, pego su drive al rough, un espeso rough que encanchó su palo en el segundo golpe, para dejarla a unos 15 metros de la entrada de green.

 

¿Te imaginas como acabó el tercer golpe?

Sí. Dentro del hoyo. Un approchito bastante majo (y bien tocado) que botó 3 veces antes de meterse para firmar el birdie después del desastre.

 

Puede que fuera casualidad y que ambos merecieran esos birdies. Bueno, que los merecieran no lo discuto en absoluto. Pero creo que esos dos birdies son la muestra real de que lo que el campo de golf te quita, el campo de golf te lo da.

Al fin y al cabo, es un deporte justo, aunque la mayoría de veces nos ceguemos por lo negativo y solo seamos conscientes de la “mala suerte” que hemos tenido, sin valorar o directamente agradecer la fortuna que nos ha acompañado en otras acciones de la vuelta.

Así que, la próxima vez que vivas una “injusticia” en el camp de golf, recuerda, lo que el campo de golf te quita, el campo de golf te lo da.

 

 

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